La estrategia del PSOE de utilizar la reforma laboral como ariete contra las medidas políticas de Rajoy para afrontar la crisis económica, no deja de ser una pose con escasa credibilidad. Los socialdemócratas alemanes y los laboristas británicos han contribuido decisivamente a las reformas del sistema del bienestar y a los ajustes necesarios en sus respectivos países, como lo han hecho con gran responsabilidad los sindicatos alemanes. Pero en España la izquierda política y sindical parece preferir la protesta callejera y el lenguaje incendiario al pacto para las reformas indispensables.
Los más de cinco millones de parados en nuestro país deben ser también una causa prioritaria para la oposición y los sindicatos. Las aclaraciones sobre el sentido de la reforma laboral que en la sesión parlamentaria de hoy ha dirigido Rajoy a Rubalcaba apuntalan la necesidad de juzgar la reforma desde su finalidad y en su conjunto, y no sacar de quicio algunas medidas para crear esperpénticas acusaciones. El Presidente del Gobierno ha tenido que recordar al líder de la oposición que la reforma no está hecha ni contra los sindicatos ni contra la patronal, y que lo que pretende es tomar las decisiones adecuadas para el interés general. La insistencia con la que Europa venía demandando la reforma del mercado de trabajo y las valoraciones positivas que ha merecido posteriormente a uno y notro lado del Atlántico deberían dar que pensar a algunos.